domingo 18 de octubre de 2009

Auto confianza o el arte de confiar en uno mismo.

…y sucede que cuando uno comienza un nuevo camino o un nuevo viaje, cuando finalmente decides hacia dónde pones tu brújula de vida, te asaltan las dudas, muchas dudas. ¿Es esta la senda adecuada que me lleva a donde quiero?, …y más aún, ¿tengo claro donde quiero ir?, ¿tendré el valor de enfrentarme a los avatares que por sorpresa puedo encontrarme en este nuevo viaje?, ¿llevo la experiencia y las herramientas necesarias para afrontar este reto? …y comenzamos a atormentarnos hasta límites insospechados, …y todo por comparar y juzgar el presente, lo que nos sucedió en anteriores ocasiones o lo que nos inculcaron desde pequeños, con nuestro verdadero sentir más auténtico y profundo. Y lo cierto es que sabemos que podemos, sabemos qué es lo que nos mueve y motiva, sabemos que es lo que más nos hace desplegar todo nuestro potencial, …y es algo tan simple como la confianza en uno mismo, es decir, la capacidad de fiarme de mi mismo y de saber que soy capaz de confiar en mis recursos y capacidades. La capacidad de abrirme al aprendizaje, la capacidad de rectificar, la capacidad de ayudar, la capacidad de ser humilde, la capacidad de dar, …de dar lo mejor de mi desde el convencimiento de que estoy en el camino que quiero, la capacidad de asumir un “precio-dolor” o un “precio-incomodidad” para llegar a mi objetivo, ese que me da la vida. Esto se parece mucho a cuando comenzamos un viaje que nos ilusiona pero desconocemos lo cómodos o incómodos que estaremos mientras permanezcamos en el camino.

En estas situaciones la tan ansiada auto-confianza parece que se resquebraja y lo único que pasa es que se nos olvida entenderla como un simple proceso de averiguar las zonas más frágiles de nuestras capacidades, unas grietas que podemos reparar con masilla de compromiso, esfuerzo y aprendizaje, actitud positiva y agradecimiento por la oportunidad que tenemos ante nosotros de aprender. Mientras todo lo demás está en orden, las grietas pasan desapercibidas pero cuando nos salimos de la rutina y nos metemos en situaciones novedosas con respecto a lo que era una vida establecida, descubrimos áreas de autoconfianza que precisan de refuerzo, …y es precisamente ahí donde está el punto de partida para el crecimiento que hemos escogido afrontar y que nos llevará a que nuestro sueño se torne en una magnífica realidad.

En otras palabras, si te ves ante una grieta de tu autoconfianza hazte la siguientes preguntas: ¿qué necesita mi autoconfianza para ser fuerte en este aspecto que flojea?, ¿qué precio de aprendizaje estoy dispuesto a pagar?, ¿en qué medida la lealtad a mí mismo y mis metas me aportan camino hacia mi autoconfianza?La auto-confianza nace de uno mismo, de su propia capacidad de transformar un problema en un reto y de tomar la respons(h)abilidad de los actos propios. Es decir, nace de la capacidad de dar el responso (respuesta) habile (hábil) a una situación dada. Buscar la auto-confianza en los demás es como entregarle al otro la potestad de que decida si ese día existes o dejas de existir. La auto-confianza es tuya y sólo tuya.

¡Tu autoconfianza te ha llevado hasta dónde estás!, con más o menos tropiezos, con más o menos fortuna; …y si tienes dudas de tu persona, mira hacia atrás y haz un recuento de las cosas que has llevado a cabo en tu vida, los proyectos que has acometido, los títulos que has logrado, las situaciones que has superado, las decisiones que has tomado, las alegrías que has compartido y la cantidad de ayuda que has ofrecido desinteresadamente …siempre creyéndote capaz de ello.

Ah, y lo más importante, ¡¡¡quiérete bien!!!, date aquellas cosas y momentos, aquellos espacios mentales y situaciones que te generen bien-estar para estar bien con tu persona y tu existir. Permítete olvidar errores (perdónate) y acéptate en la incertidumbre con serenidad (confía en ti desde la serena ambición). Estoy seguro que te sentirás capaz de mucho más de lo que ahora mismo crees, estoy seguro que habrás crecido en autoconfianza.

Octubre de 2009.
B.M.B.O.

El Miedo

Suena el despertador y te acuerdas que debes olvidar lo que pensaste ayer, te acuerdas que debes olvidar que fuiste lo que nunca te has atrevido, te acuerdas que puedes ser lo que aún te falta imaginar, y te da miedo, lo has olvidado ¿cómo se hace eso? …y te niegas, una y otra vez, y te obligas a vivir sin eso que tanto te llena, tu autoestima, y por temor a que se escape de tu alcance, ese objetivo, esa ilusión, ese motor, te quitas la oportunidad y te dejas en el miedo, ahí, despojado de ti mismo, …y lo mejor es que sabes que puedes, …pero no quieres, …eso es, no quieres, …pero sabes que puedes, …¡el miedo te vuelve a dominar! …ya es tu consejero, tu carcelero, tu peor compañero, el más duro de los cancerberos …y has caído en su trampa… y es cuando miras hacia atrás cuando te das cuenta de lo mucho que incluso has avanzado y al volver a mirar hacia adelante ves lo que aún queda por recorrer, y te preguntas si serás capaz, …y dudas, pero algo te dice en voz bajita, …sigue, …ánimo, …mantente en tu camino, conserva el esfuerzo, …y es cuando el miedo más te amordaza, te bloquea, te gobierna, toma posesión de ti, de tu voluntad …y caes en la huida, y te cuestionas si serás capaz, otra vez te lo vuelves a preguntar …te lo grabaron a fuego cuando jugabas en el parque y aún tienes la esperanza de borrarlo de tu código interior; …te ves superado por las circunstancias aunque casi siempre puedes con todo; ...he dicho casi siempre …y vuelves a preguntarte ¿será esto con lo que me falta poder, será que a mi capacidad de lucha le falta valor, determinación?, ¿será este mi talón de Aquiles, donde pierdo todo el coraje de reacción y me bloqueo, dónde soy incapaz de dar más de mí porque tengo miedo, una vez más, miedo a equivocarme, miedo a patinar, miedo a quedar mal conmigo mismo?, …y esa angustia me bloquea.

Tenemos miedo a nuestras luces, jamás a nuestras sombras; tememos brillar, destacar, lograr lo que queremos, alcanzar lo que soñamos, dejar atrás a otros por querer alcanzar nuestros sueños, porque en el fondo sabemos que está a nuestro alcance, y que si nos lo proponemos lo lograremos, …pero es que el esfuerzo nos apetece menos, …y por otra parte le agradeces a tu miedo que se haya plantado ahí, pues te ayuda a superarte, y te decides a ponerlo a tu lado en vez de tropezar con él por ponerlo delante; …y le reconoces su mérito, …gracias a él has aprendido a ser valiente. ¡¡¡Y eso es impagable!!! …¡¡¡tu miedo te ha ayudado a ser valiente!!!, ¿te das cuenta?

Cuando dejas de hacerle caso y decides actuar para ti mismo como si lo hubieras superado te das cuenta de que todo es más sencillo, más fresco, más auténtico, más natural, más divertido, descubres que las cosas son como las queremos ver y dejas de creerte lo que te dicen que debes creerte, y empiezas a creer en tí, y desde que sabes que puedes superarte sigues haciéndolo porque además, la vida te da razones para ello, y ves que progresas, reconoces tus avances, todos ellos gracias al miedo, y eso te hace más valiente, …y nace en ti ese sentimiento de orgullo personal que hace que tu auto concepto haya subido como la espuma, y te ves capaz …y es cuando llega el mejor de los momentos, cuando te reconcilias con tu miedo y le das las gracias por haberte enseñado con la sabiduría del maestro. Y dices, ¡¡¡¿¿¿miedo yo???, siempre!!! …gracias a él crezco y me hago valiente, es cuando le preguntas cara a cara, sin tapujos: ¿miedo, que te hace falta para disiparte? …y en el silencio de la serenidad te da su respuesta, y se convierte en la llave que te libera de tus bloqueos y te decides a darte el permiso de actuar y a seguir aprendiendo día a día desde tu autenticidad. ¡¡¡Miedo, gracias!!! Ahora ya sé que para ser valiente primero hay que tenerte y saber escucharte.

Un abrazo.
B.M.B.O. Septiembre 2009

martes 15 de septiembre de 2009

Tantas comunicaciones y tan poca comunicación.

Una de las permanentes crisis que tenemos, independientemente de la situación económica por la que atravesamos, es la crisis de la comunicación. Sí, sí, …tenemos serios problemas para entendernos y eso que contamos con todos los medios técnicos y tecnológicos para favorecerla: e-mails, móviles, 3G, internet, webcams, Wi-Fi, etc… y sin embargo, vivimos en un “mal entendido” permanente. ¿Qué es lo que nos está pasando?

Debemos reconocerlo, nos cuesta mantener un nivel de comunicación de calidad que favorezca el diálogo. Hablamos desde nuestro punto de vista sin casi tener en cuenta el punto de vista del otro. Exponemos nuestras ideas y nuestro interlocutor las suyas. Interrumpimos, acabamos la frase del otro anticipándonos a su idea, sacamos conclusiones precipitadas, damos por obvias connotaciones y contextos, y lo cierto es que “oímos” lo que nos dicen pero ni prestamos atención a las emociones, ni a la corporalidad del otro, dos elementos claves en la “escucha” de calidad. Además, generalmente tenemos un estruendoso ruido interior o un exceso de información contextual que nos hace imposible digerir lo recibido. Y con todo esto, las cosas van funcionando, que no es poco.

Para empezar el nuevo curso con buena nota en comunicación, es necesario desplegar una la actitud de verdadera apertura al entendimiento, fomentar los silencios para generar el espacio en el que el otro se exprese con legitimidad y libertad, y que lo dicho, nos sirva para aprender a entender su modo de ver las cosas. Escuchar no significa estar de acuerdo con el otro, significa tomar lo que dice el otro (desde una actitud de apertura) y cotejarlo con nuestras ideas, siempre con el ánimo de aprender, dejando de lado orgullos y fachadas actitudinales. Si lo que escuchamos nos hace sentido y nos enriquece, lo tomaremos, y nos mejorará como personas; si lo que escuchamos no nos enriquece, lo desecharemos, sin más, …quitando toda carga o connotación despectiva.

Una buena comunicación se construye desde los silencios, generando el espacio para que el otro se exprese, preguntando e indagando para aclarar dudas. Una actitud de serenidad y estar 100% presentes hacia nuestro interlocutor favorece la comunicación de calidad. Parafrasear y chequear que lo dicho coincide con lo entendido nos aproximará a nuestro interlocutor. Tengamos en cuenta que como dice Humberto Maturana “Yo soy responsable de lo que digo e irresponsable de lo que entiendes, pero es mi responsabilidad cotejar que lo que digo es entendido por mi interlocutor”; es importante recordar que lo que decimos está dicho desde nuestros marcos de referencia individuales, cultura familiar, social, escolar, universitaria, profesional y personal, …y el otro lo entiende desde su marco de referencia. La única forma de tener una buena comunicación es empatizar con nuestro interlocutor poniéndonos en sus zapatos y escuchando desde sus oídos.

Ahora que tenemos en cuenta esto, apoyémonos en las facilidades que nos brinda la tecnología para mejorar nuestra capacidad de comunicación.

martes 18 de agosto de 2009

Me lo digo... ¿Te lo dices?

Aún queda mucho por hacer, mucho por recorrer, mucho por suceder, mucho por aprender. Sé perseverante. Aunque a veces tengas dudas, mereces cosas buenas, claro que sí, …claro que las mereces, y van de camino hacia ti. Deja de esperar, ponte en acción, continua en el perseverar, ponte en frecuencia de recibir, todo te llegará, esa es la manera de pulverizar tu ansiedad. Eres un ser único e irrepetible y eso te hace excepcional, eres un ser genial; sólo por ello, mereces lo mejor.

Cuando el cansancio te invada, considéralo normal, detente y tómate un respiro, tan largo como precises y tan breve como convenga. ¿Tienes tu objetivo claro?, entonces pon tu energía en él y esfuérzate en vivir el presente absoluto, donde todo sucede siempre por primera vez y los miedos desaparecen porque está permitido equivocarse. Y continua dándote aquello que te genera bien-estar para estar bien por duplicado; por un lado porque te proporciona una sensación de serenidad duradera en el tiempo, por otro porque podrás compartir esa sensación con los demás, y eso te hace grande, te convierte en doblemente generoso, para ti y para los otros.


Ten siempre una sonrisa dispuesta para reglar, por difícil que pueda ser el momento que atraviesas, siempre hay quien está peor y merece tu sonrisa, le animarás; y si encuentras alguien que está mejor que tú, regálale la misma sonrisa, que vea que estás feliz en el presente; recuerda, estás aprendiendo, dale la oportunidad que aprenda también de ti. Deja de compararte y deja de juzgarte. ¿Para qué lo haces?, sé consciente de lo mucho que te frenas si piensas así. Tu llevas tu propio ritmo, ni es mejor ni peor, ni es rápido ni lento, …es simplemente tu ritmo. Si te queda algún re-sentimiento, deja de “volver-a-sentir” aquello que tanto de dolió. Cuando te liberes de esa repetición emocional empezarás a notar la liviandad del fluir. Sé original, vuelve a los orígenes. Tu alegría es motivo de alegría, tu tristeza es motivo de tristeza …¿qué quieres que se lleven de ti?, ¿qué huella quieres dejar en todos los que te rodean? …entonces sé consecuente con tus actos y recuerda que la felicidad es el estado natural del ser humano, ¡contágiala!


¿Y tu autoestima?, ¿y la de los demás? Pregúntate cómo y quién sería esa persona con la que te cruzas si le faltase la adulación que recibe de los demás y en ocasiones también busca para justificar su autoconfianza, …y pregúntaselo también a tu propia persona, a ver qué respuesta te das. Fomenta tu propia lealtad, dite “Sí” más a menudo; cultiva tu auto respeto y se responsable de tus actos. Dejarás de temer la derrota cuando dejes de querer la victoria. Haz las cosas con nobleza y con intención limpia dando lo mejor de ti, es la mejor manera de que salgan y que además salgan bien, y si se atascan es que tenía que ser así, agradécelo.


Cuando tengas una satisfacción, compártela y será el doble; cuando tengas una pena, copártela y será la mitad …y en el camino crea espacio para que los demás puedan crecer en buena compañía, la que ofreces. Sé exquisito con tus palabras ya que con ellas puedes hacer mucho daño o mucho bien; deja de tomarte las cosas personalmente o es que eres más importante que el resto; evita juzgar gratuitamente, indaga antes, y evitarás que te juzguen, y haz siempre el máximo que esté dentro de tus capacidades.


Cuando dejes de crecer, habrás muerto, mientras tanto, vive, vive a tope el presente, ten presente tu objetivo, está ahí para que lo alcances, y acuérdate de ser quien eres y de continuar descubriéndote, hazlo día a día.

lunes 22 de junio de 2009

La Gran Responsabilidad de Abrazar y ser Abrazado

Sí, abrazar es una gran responsabilidad. Abrazar y dejarse abrazar es algo más serio de lo que parece a simple vista. Requiere de una gran responsabilidad.

La palabra Responsable viene del latin: responso y abile, respuesta hábil. Respons(h)abilidad es dar una respuesta hábil a una situación dada o concreta, y dar un abrazo, en más de una ocasión, es una respuesta muy hábil.

Con un abrazo podemos proporcionar seguridad, consuelo, arropo, podemos expresar emociones que nos cuesta verbalizar y en ello dar la respuesta hábil a la necesidad de compartir una emoción o un sentimiento, permitiendo así que el ser que somos se expanda y tenga espacio emocional para crecer y desarrollarse, compartiendo con otro ser tan rico momento de vivencias.

Para dar un “abrazo”, desde mi punto de vista, hacen falta dos valores clave que hoy en día echamos en falta en multitud de aspectos de la sociedad de la que formamos parte: la generosidad, para darlo desinteresadamente sin esperar nada a cambio, y el valor, para abrirnos al otro y recibirlo, ya que en numerosas ocasiones es un “extraño”, incluso aunque sea una persona cercana.

Un abrazo desde la sinceridad, desde el equilibrio interior y la sensibilidad en la fuerza, con intensa emoción, con llaneza, bien dado, bien entregado se convierte en la mejor palabra, la mejor empatía, el más bello gesto que puede haber entre dos personas. Un gesto tan sencillo lleva implícita la aceptación del otro y el sano afecto asexuado que se convierte en el detonante de una explosión de pensamientos positivos y sensaciones de bien-estar que nos colocan de inmediato en el presente, ese al que siempre queremos volver y del que nos pasamos la vida huyendo.

Da, siempre que puedas un buen abrazo, de esos cálidos, generosos, serenos, relajados y llenos de calmada energía, que lejos de ser una prisión de fortaleza son una manera de expresar y darle algo al otro sin mediar palabra, ...y que el otro, curiosamente entiende lo transmitido casi mejor que si fuese dicho con palabras. Ese mensaje no es otra cosa que simple y llano afecto, de amistad, de proximidad, de compartir, de apoyo.

Propongo que al menos una vez al día, a quien os apetezca (padres, hijos, hermanos, pareja, amigos), le digáis algo con un abrazo de estos, en silencio y tomándoos un poquito de tiempo (sólo 1 minuto). Podréis dar las gracias, pedir perdón; podréis mostrar afecto, mostrar acogida, mostrar paz, mostrar aceptación; podréis regalar alegría, satisfacción, ganas de compartir; podréis sentiros seguros, dar seguridad, ...simplemente podréis transmitir lo que queráis, basta con que así lo sintáis desde dentro y lo comuniquéis a través de vuestros "brazos" siempre acompañados de vuestra sosegada respiración siempre acompasada con el latido de vuestro corazón.

Como dice Helen Maran, nos rescatan de la soledad y el aislamiento; guían el auto conocimiento potenciando la autoestima; facilitan los desbloqueos físicos y emocionales; nos permiten vivenciar la integración de cuerpo, mente y emociones; nos ejercitan en la empatía; nos sitúan plenamente en el Aquí y el Ahora; favorecen la comunicación afectiva con nosotros y con el otro; estimulan la gratitud; despiertan la creatividad; impulsan a una actitud pro-activa en la vida; conectan con la intuición; favorecen el entrenamiento de respuestas asertivas; devuelven la ilusión, la alegría y el buen humor, puesto que la risa es su fiel compañera; le brinda reconocimiento y protección a nuestro "niño interior".

Vive con responsabilidad tu crecimiento y el de los tuyos, se generoso, ábrete a los demás, da y recibe abrazos.

sábado 31 de enero de 2009

¿Oportunidad o crisis?: Tu decides.

Quiero compartir contigo una historia que puede conozcas. Me la envió una gran amiga mía, y es muy ilustrativa de cómo la “mentalidad de crisis” nos envuelve y nos dejamos llevar por el lado derrotista de la situación, adoptando actitudes victimistas, en vez de reaccionar por el lado responsable y entusiasta para enfocarnos a la oportunidad. Yo creo que en ocasiones nos falta saber mirar hacia adelante con coraje y autoconfianza.

La historia dice así:
Había una vez una persona que vivía al lado de una carretera donde vendía unas ricas albóndigas con pan. Estaba muy ocupado atendiendo su negocio y por lo tanto no oía radio, no leía los periódicos ni veía la televisión.

Como el negocio marchaba bien, alquiló un trozo de terreno, colocó una gran valla y anunció su mercancía gritando a todo pulmón: 'Compren deliciosas albóndigas calientes'. Y la gente se las compraba. Aumentó la adquisición de pan y carne. Compró un terreno más grande para ampliar las posibilidades de su negocio, y trabajó tanto que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba Ciencias Comerciales a fin de que le ayudara.
Sin embargo, ocurrió algo muy importante; su hijo le dijo: "Viejo, ¿tú no escuchas la radio, ni lees los periódicos, ni ves la televisión...?.
Estamos sufriendo una grave crisis. ¡La situación es realmente mala; peor no podría estar!".
El padre pensó: 'Mi hijo que estudia en la Universidad, lee los diarios, ve televisión y escucha la radio, debe saber mejor que yo lo que está pasando...' Redujo entonces la compra de pan y carne, quitó la valla anunciadora, dejo el alquiler del terreno con el fin de eliminar los gastos y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan. Y las ventas fueron disminuyendo cada día más. "Tenías razón hijo mío", le dijo al muchacho. "Verdaderamente estamos sufriendo una gran crisis".

MORALEJA: Dejemos de hablar de crisis. Hablemos sólo de establecer buenas relaciones, hacer buenos negocios, buenos trabajos y buenas tareas. Si nos programamos para fracasar, fracasaremos. Si nos mentalizamos para ganar, ganaremos. Es una simple elección personal. "Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien". ¿Qué eliges tú? ...tú decides.

Además, te propongo que te fijes un poco en tu manera de pensar tomando esta observación como referencia: "Las mentes brillantes manejan ideas, las mentes corrientes hablan de actualidad y las mentes mediocres hablan de los demás", …¿con qué mente te sientes más identificado/a?

Si quieres tener éxito (tú decides el significado de la palabra éxito para ti y tus circunstancias) te propongo en cualquier caso que reflexiones sobre estos tres pasos:
- Muévete a la posición mental y de circunstancias que te ofrezca mayores opciones/posibilidades de ganar
- Ajusta tus movimientos e iniciativas hacia lo que hacen/necesitan los otros
- Estate muy alerta a las ventanas de oportunidad que se te abrirán y que te brindan mayores probabilidades de ganar …y por supuesto ¡¡¡Pasa a la acción!!!

Lao Tse dijo: “Aquello que la oruga llama el fin del mundo... el resto del mundo lo llama mariposa”. Hace bien poco me sentía oruga; hoy por hoy me siento mariposa, ...por cierto, elegí y decidí GANAR.

Un afectuoso abrazo.

jueves 18 de septiembre de 2008

Vulnerabilidad, escucha empática, generosidad y aceptación.

¿Te consideras capaz de realcionarte con las personas de tu entorno (ámbito laboral, social, familiar) desde una posición mental en la que ofreces el 100% de tí y facilitas un buen entendimiento aceptando la singularidad de aquel con el que interactuas?, ¿seguro?

Recuerdo que hace algo más de cinco años participé en la XV Expedición 4x4 Andorra-Marruecos, de diez días de duración (3.500 kms por desiertos, dunas, desfiladeros, pistas de tierra, asfalto, etc). La componíamos 14 miembros, 13 de Cataluña y Andorra, y yo de Madrid. Viajé en tren hasta el punto de encuentro, Valencia. No conocía a nadie y además era consciente de que las etiquetas mentales que podíamos traer unos y otros desde nuestras formas de pensar, tanto en lo social, lo político e incluso en lo deportivo podían ser grandes lastres o condicionantes para el resultado de la aventura.

Nada más incorporarme al convoy de vehículos y saludar a mi compañero de conducción, me dí cuenta que todos hablaban en catalán. Todos los coches llevaban emisora y nos comunicabamos por ellas; los chistes y comentarios hacia "el madriñeño" y Madrid subian de tono; ...pensé, esto si que te va a poner a prueba de verdad; ...y me dije a mi mismo, ¡¡¡hala, sobrevive!!!.

En aquel momento me dí cuenta que todos estábamos condicionados por un sin fin de etiquetas, prejuicios y modelos mentales que actuaban como barrera en nuestro incipiente modo de relacionarnos. De alguna forma estábamos expuestos a condicionar el futuro de nuestra relación de expedición a unas suposiciones y a una escucha previa muy marcada. Reconozco que me asusté un poco.

Habíamos llegado a Almería para coger el ferry que nos cruzaría a Nador. Los coches estaban bien asegurados en la bodega del buque, ya habíamos hecho el reparto de camarotes y nos encontrábamos en la zona de bar. Era el momento de hablar cara a cara con todos ellos; hasta ahora, y a lo largo de más de 400 kms, todo había sido por emisora, salvo en las paradas "técnicas".

Desde el instinto y como un resorte en mi interior, algo saltó por los aires. En aquel momento me dí cuenta que lo que de verdad iba a hacer que nos entendieramos todos (entre ellos tampoco se conocían) era actuar con valentía desde la autenticidad de cada uno, reconociéndonos vulnerables en nuestras creencias, derribando prejuicios, mostrando aceptación, ofreciendo generosidad, soltando lastre de ego y sobre todo, prácticando una escucha ...de esa que los coaches llamamos empática. En ese momento comencé a poner el 100% de mi ser para crear una relación que favoreciese la convivencia y el entendimiento. Las preguntas lógicas de a qué te dedicas, si eres muy aventurero, cuánto tiempo llevas haciendo 4x4 y poco más, eran las habitales, y daban el juego que daban.

Sin saber porqué, tal vez por nervios, lancé una pregunta que cambió el rumbo de la conversación: ¿Qué os ha movido a hacer exta expedición? ...fué como abrir el frasco de las esencias. En ese momento todos callaron y poco a poco, fueron exponiendo sus razones. Lo que me llamó la atención sobre manera fue que todos estábamos embarcados en esta aventuta desertica porque necesitábamos expansionarnos y reencontrar nuestra propia esencia que, por unas razones u otras, la teníamos alterada. Empezamos a hablar desde la vulnerabilidad. El ambiente se distendió muchisimo.

El resto de la expedición se convirtio en un contexto mágico para que todos creciésemos con el apoyo de los otros. Recuerdo a David haciéndonos masajes orientales en las Haimas de M'Hamid, a Isabel escuchándo nuestras inquietudes con entrega absoluta, Joan contándonos sus experiencias como instructor de ski de minusválidos, Mercedes explicándonos las razones de llevar la ayuda a las aldeas marroquies junto a la frontera con Argelia ...y así hasta completar las inquietudes de los catorce que conformábamos la expedición. Empezamos a admirarnos unos a otros, comenzamos a construir una energía común. Todos cumpliamos un rol determinado y estabamos responsabilizados de una tarea.

Día a día, jornada a jornada, y en todo momento, estabamos pendientes unos de otros, en un permanente acompañamiento que favoreciá el crecmiento, nos ayudábamos a reflexionar, a cuestionarnos nuestros puntos de vista, nuestras creencias y bloqueos mentales, manteniendo en todo momento el respeto hacia el otro y desplegando un compromiso de escucha que trascendía a lo emocional.

Ahora, conocedor de lo que el coaching supone para el crecimiento de las personas, identifico claramente que en aquella expedición, la vulnerabilidad, la escucha empática, la generosidad y la aceptación fueron ingredientes vitales que nos permitieron dar lo mejor de nosotros mismos y conformar un gran equipo, muy diverso y con mucha riqueza, al que entre todos le dimos una gran personalidad.

Ya han pasado 5 años y puedo decir que sigo sintiéndoles como una gran familia. Fuimos un gran equipo y aún lo seguimos siendo.

Cuanto os agradezco lo que me enseñasteis.