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miércoles, 19 de marzo de 2014

El control del horario juega a favor del profesional

- ¿Cómo, que el control del horario y los accesos juega a favor del profesional?

- ¡Sí, claro!

- ¡Vamos, hombre, eso no se lo cree nadie!

- Comprendo que tu primera reacción sea pensar que los directivos deciden poner un sistema de control del horario en la empresa para tenernos más vigilados. Piensas así, porque miras la situación desde la desconfianza en ti mismo y en los empleados que trabajan contigo. Sin embargo, si desarrollas tu trabajo con normalidad, te darás cuenta que estarán favoreciendo el que las personas que trabajamos en esta empresa, podamos disfrutar más y mejor de nuestro tiempo, favoreciendo la conciliación entre la vida familiar y la profesional.

- A ver, explícate mejor…

- Es bien sencillo. Cuando una organización, por iniciativa del responsable de capital humano –que suponemos cuenta con el respaldo de la dirección general- se decide a apostar por una filosofía de rendimiento, efectividad y productividad en el trabajo de sus equipos, se puede apoyar en una tecnología como la que ofrece Cucorent para observar qué tiempo requiere cada empleado para cumplir con su trabajo dentro de su responsabilidad.

Dicho con otras palabras: Cuando conocemos el tiempo que ha requerido cualquiera de nuestros colaboradores para cumplir sus objetivos –esos que incluimos en el documento de objetivos y que luego se convierte en guión para la evaluación del desempeño- podemos ser más justos con el bonus, las vacaciones, la conciliación y la manera en que les motivamos.

- ¿y quieres que me lo crea?

- ¿y por qué no?… después de un periodo de observación y análisis en el que podríamos cruzar la información que aportan los controles de accesos en empresa con los resultados de trabajo, obtendríamos unos indicadores bastante valiosos del nivel de “presencia efectiva” requerida para un desempeño satisfactorio. En vez de combatir el absentismo, se trata de premiar al que trabaja bien y en el menor tiempo posible, teniendo un mejor uso y control de las horas trabajadas. Cuando un profesional y/o su equipo logran los objetivos pactados en menos horas, queda demostrada su efectividad como profesional y equipo, y la empresa cumple con las políticas de conciliación.

- O sea, ¿insinúas que esto nos permitiría pasar menos tiempo en el trabajo si vamos cumpliendo con nuestras responsabilidades?, ¿que en vez de combatir el absentismo, se trata de premiar al que trabaja bien?

- ¡Eso mismo! Trabajas lo necesario, cobras lo acordado en contrato y además, disfrutas de tu vida. Imagina que con trabajar seis horas, en vez de ocho, fuese suficiente para acometer todo tu trabajo. Lo que pasa es que para que esto sea una realidad, debemos tener la valentía de abandonar victimismos y tomar absoluta responsabilidad de nuestro desempeño, cambiando nuestra actitud y desplegando nuestra profesionalidad al máximo; es una buena manera de recuperar los valores perdidos desde nuestro compromiso y no desde nuestro bolsillo.

- Visto así, supondría un cambio cultural, para bien, en muchas empresas…

- Pues depende de nosotros y de nuestra actitud que así sea. Basta con poner los medios técnicos en buen uso para lograr el objetivo de mantener nuestros profesionales en positivo desde la filosofía del Win-Win.

Aquí tienes más información de estos medios técnicos.

viernes, 8 de febrero de 2013

Nuestra falta de Valores es así... ¡Ya basta!


Hace unos meses, CanalCEO publicó un artículo que escribí en el que hablaba de los valores perdidos. Un texto en el que compartía la necesidad de tomar conciencia de la necesidad de volver a los valores, de revisarnos nosotros mismos y de empezar a ser nosotros, en primera persona, los que empecemos a vivirlos en nuestro día a día, comportándonos desde ellos. Su título, Los valores perdidos, es en cierto modo una denuncia y a la vez una llamada de atención para entrar en responsabilidad e iniciar el camino de recuperarlos.

Entre los comentarios a mi escrito, me he encontrado este texto que nos ha dejado Mª Carmen Camacho Gil y que escribió de Jose Antonio Flores Vera, una historia que refleja la más absoluta y fiel realidad de nuestra sociedad, esa que tanto protesta y se queja de la situación económica, esa que tanto critica a la clase política, esa que antes ve la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

He aquí el texto sobre el que podríamos empezar a reflexionar y cuestionarnos si tenemos lo que nos merecemos:

(Conversación entre dos amigos en la barra de cualquier bar, cualquier día de la semana de cualquier año, de cualquier población –todos los nombres son ficticios-)

- ¿Qué vas a tomar?
- Una Alhambra especial
- Por favor, dos Alhambras especiales
- Oye, ¡cuánto tiempo sin vernos!
- Sí, ya era hora que echáramos unas cervezas y charláramos.
- ¿Cómo te va?
- No me puedo quejar. Sigo aún con el taller en el pueblo. ¿Y tú?
- Bueno, pasé por el tribunal médico y me dieron la invalidez gracias a Juan Solá, el abogado del pueblo, pero sigo atendiendo el negocio con mi mujer aquí en la capital.
- Has hecho bien porque está muy jodida la situación. Yo tenía a tres trabajadores contratados en el taller, pero hablé con ellos y llegamos a un acuerdo de despido, pero siguen trabajando.
- ¿Están despedidos y siguen trabajando?
- Sí. Nos viene bien a todos: yo me ahorro los seguros sociales, que son altísimos y ellos cobran el paro y el sueldo, pero claro les pago menos que cuando tenían contrato. Todos contentos: Ellos ganan más y yo también.
- ¿Y si te enganchan?
- ¿Quién va a pasar por el pueblo? Además, los tres talleres del pueblo hacemos lo mismo y no nos vamos a denunciar unos a otros porque nos perjudicaríamos.
- ¡Ah¡ vale! A nosotros, en el negocio, un día nos visitó un inspector de trabajo y, por suerte, yo me encontraba en la puerta del local, fumando un un cigarrillo.
- ¿Pero estaría tu mujer?
- No, que va, el negocio en realidad lo llevo yo, pero les dije que lo regentaba mi mujer, que es la que aparece en los papeles, y que yo estaba allí ocasionalmente porque ella había salido un minuto a un asunto urgente. Suerte que al ‘panchito’ que tengo allí sin contrato estaba ese día en el médico..
- ¿Y se lo tragó?
- Al parecer sí. De hecho se fue y no ha vuelto más. Pero sí, me acojoné un poco ya que si el inspector no se traga aquello nos multa y a lo mejor hubiera perdido yo la paga. Al menos eso me dijo Juan Solá.
- La verdad, es que estos inspectores son unos crédulos o a lo mejor es que están desmotivados porque ganan menos. Total, para lo que hacen, mucho ganan aún.
Hablando de inspecciones, mi hija pequeña estuvo a punto de perder la beca porque alguien fue por ahí contando que el taller no estaba declarado y nos daba muchos ingresos y tal. Desde ese día le he prohibido que vaya con su BMW X1 y su iPhone 5 a clase.
- ¿Y qué pasó?
- No nada, no se pudo demostrar lo que decía el cabrón anónimo ya que lo tengo bien atado. La niña sigue cobrando todos los años la beca máxima, unos 5.000€, que son para ella solita.
(Irrumpe un tono de teléfono móvil: ¡¡¡Por mi hija maaaaato!!!)
- Tío, que me he llevado un repullo con ese tono de la tipa esa de la tele ¿cómo se llama…?
- Sí, la Esteban, esa sí que es lista, jeje, perdona, que es un proveedor. ¡Oye, que significa esa factura con IVA del otro día! ¿Cómo? Nada de eso. Me la emites de nuevo sin IVA o no cobras…sí, hasta las seis estoy allí. Hasta luego.
-  ¿Te quieren meter el IVA?
- Sí, se lo he dicho al tío de las pizzas mil veces y sigue dale que te pego con el IVA de los… y para colmo ahora que lo han subido los chorizos estos del Gobierno.
- Sí, vaya mierda de país, con tantos impuestos.
- Por cierto, sabes que me he comprado un Audi.
- ¿Sí ¿Cuál?
- El Q7
- Joder ¡el que llevan los futbolistas!, que pedazo máquina… te habrá costado un pastón.
- Sí, es caro, pero me he ahorrado una pasta. Si quieres te digo cómo.
- Dime, dime…
- ¿Tienes a algún minusválido en tu familia o a alguien de confianza que lo sea?
- Pues no sé, tendría que verlo…
- Yo lo he puesto a nombre de mi padre que, como sabes, tiene una gran minusvalía. Me he ahorrado el Impuesto de Matriculación, me han hecho una rebaja en el concesionario, no pagaré jamás el Impuesto de Vehículos al Ayuntamiento y, para colmo, aparcaré donde me salga de los güevos, en cualquier plaza de aparcamiento reservada para minusválidos ¿Por qué te crees que hay tanto coche de gran cilindrada con el cartel de minusválido en las calles?
- Estás en todo, macho, pero ¿se tragarán que tu padre conducirá eso con 80 años siendo minusválido?
- Éstos del Ayuntamiento se lo tragan todo. Por cierto, hablando del Ayuntamiento ¿te has enterado lo del alcalde del pueblo? ¡Qué cabrón! ¡Que bien amañado lo tenía todo!, ¡Qué poca ética! A mí me extrañaba que la recogida de basura siempre la ganara la misma empresa.
- Sí, ¡Qué cantidad de corruptos nos gobiernan! Y para colmo hay que sostenerlos a todos. ¿Y el asunto de ese que era presidente de la Junta, dándole un pastón a la empresa de la hija?, por no hablar de las comisiones del niño… que manada de corruptos, ¡vaya mierda de país!
- Ni que lo digas, vaya país de sinvergüenzas y corruptos nos gobiernan. No hay que votar a ninguno, que son todos iguales. Van a lo que van.
- Oye, quieres otra cerveza.
- Sí, si, vale. Pero disculpa un segundo, que voy a asomarme a ver el coche, que está en segunda fila.

Es el momento de empezar a jugar limpio, es el momento de volver a los valores y comenzar a ser ejemplares, a comportarnos con rectitud, de denunciar lo que está mal siempre y cuando tengamos la valentía de reconocer nuestras artimañas y falsedades.

Si queremos recuperar los valores perdidos, tendremos que empezar en casa, dentro de cada uno, en nuestro entorno inmediato.

Gracias Carmen y José Antonio por tan clarificadora historia. Sin duda, tenemos lo que nos merecemos... sin embargo, estamos a tiempo de rectificar.

¿Cuando vas a empezar a ser el cambio que quieres en el mundo?, ¿Cuándo vas a dejar de quejarte de otros que hacen lo mismo que tu haces?, ¿cuándo vas a dejar de culpar a los demás de tu problema?, ¿cuando vas a empezar a comportarte de forma responsable?, ¿cuándo vas a darte cuenta del daño que generas con tu comportamiento?, ¿qué vas, a esperar a que empiecen los demás a cambiar para cambiar tu?, ¿qué vas a hacer con tu ego, con tu soberbia, con tu prepotencia?, ¿vas a seguir quejándote sin siquiera mirarte a un espejo?, ¿que te falta para ser capaz de reconocer que tampoco tu juegas limpio?

Espero que nos sirva para reflexionar.


miércoles, 20 de junio de 2012

El AMOR es necesario en los profesionales de empresa

Para abordar este tema, lo primero que quiero es invitarte a que cuando leas este artículo dejes al margen cualquier tipo de interpretación romántica de la palabra y abras tu mente a una nueva perspectiva, más profunda, constructiva y posibilista en las relaciones con las personas que conforman tu día a día profesional. A partir de ahora, cuando hablemos de amor y/o de amar, lo haremos teniendo en cuenta la definición que hace Jorge Bucay en su libro “Cuentos Para Pensar” y que dice así: “Amor: La desinteresada tarea de generar espacio para que el otro sea el que es” –y añado- desde el pulcro respeto hacia uno mismo y el “legítimo otro”, todo ello desde la madura responsabilidad, la sobria rectitud y los valores universales por bandera.
Una definición que se sustenta, entre otros, sobre dos grandes elementos clave como son la aceptación del otro y la generosidad personal para ser flexible y permitir y favorecer espacios que fomentan que esos “legítimos otros” se desenvuelvan sin miedos, algo que requiere de una gran capacidad de comprensión.

Estamos llamados, como jefes, directivos, compañeros o colegas profesionales a generar el espacio para que nuestros colaboradores puedan ser quiénes son y se atrevan a mostrar todas sus cualidades y todas sus posibilidades, tanto en lo que a habilidades y capacidades, como en lo que a aspectos de mejora individual y “sombras” se refiere, y ello -casi- sin esperar nada a cambio. Sólo cuando generemos dicho espacio, cualquiera de nosotros –profesionales todos- lograremos que otros compañeros o colegas se atrevan a mostrarse con lo que traen y, en dichos contextos, lejos de juzgar o ser juzgados y etiquetar o ser etiquetados, se sientan y nos sintamos respetados, y se atrevan  y nos atrevamos todos a pedir ayuda para mejorar y seguir mostrando nuestros brillos.
Cuando amamos a nuestros compañeros y les vemos como “legítimos otros”, y ellos nos ven y tratan de igual manera, surge la admiración mutua que nos conduce a todos al aprendizaje continuado desde el talento y la creatividad compartida. Es así cuando el equipo en el que estamos integrados adquiere sentido de existencia y sus miembros encontramos un espacio de crecimiento y verdadero desarrollo personal y profesional en la organización, que está formada por personas que ofrecemos a otros integrantes la reciprocidad de disfrutar el sentido de pertenencia.

Las personas que damos vida a las empresas, debemos estar en permanente apoyo y respaldo del aprendizaje y crecimiento de nuestros compañeros, algo que nos retornará como un generoso y positivo boomerang tarde o temprano. Fomentar el desarrollo de nuestros colegas para aprender con ellos y de ellos, se convierte entonces en una herramienta clave de incremento de calidad con beneficio en lo profesional. Cuando yo favorezco el crecimiento y desarrollo profundo de un compañero, otro favorecerá mi crecimiento y mi desarrollo profundo y, con esta mejora recíproca entre compañeros, generamos entre todos un bienestar que redunda en un ambiente de trabajo positivo en el que todos rendimos más, haciendo de nuestras empresas –esas que nos pagan las nóminas- organizaciones sanas, fuertes, competitivas e innovadoras.
Esto tan apetecible y fácil de comprender, queda pulverizado en la realidad por una variedad de individualismos, “yoismos”, irresponsabilidades, inseguridades, egolatrías, revanchas, resentimientos, envidias, celos, miedos, complejos, “no es mi problema”, luchas de poder y codazos, todos ellos encaminados a conservar o llegar antes que el de al lado a un “status” intangible considerado por todos como “éxito”.

¿Es “éxito” lograr un objetivo forzando tu equipo hasta el despido interior, liderándole desde la incomprensión, la media-información, el apropiamiento de trabajo ajeno o la actitud dominante y la imposición?, ¿es “éxito” zancadillear a compañeros con quirúrgica sutilidad para lograr una medalla, evitar un despido o hacerse con una promoción?, ¿es “éxito” boicotear un liderazgo sólo porque tenemos otro punto de vista y fuimos ninguneados desde otro ego mayor que el nuestro en algún momento de nuestro pasado? Para mí, esto, lejos de ser “éxito” es el más estrepitoso de los fracasos, fruto del miedo; lo contrario al amor. Entiendo que esto quedaría reducido a mínimos si la honestidad individual y la humildad bien entendida –que pasa por reconocer y decir la verdad de uno mismo, tanto en lo bueno como en lo menos bueno- la tuviéramos más interiorizada, nosotros, los que trabajamos en las oficinas del mundo.
Cuando incorporemos en nuestras vidas profesionales la capacidad de amar con sano y pulcro respeto hacia todos nuestros compañeros, comulguemos con ellos o no, tomando conciencia de nuestras perspectivas y comprendiendo las suyas –sin necesidad de compartirlas-, cuando tomemos conciencia de que nuestras acciones y actitudes impactan en ellos (para bien y para mal), cuando nos mostremos transparentes y honestos en la puesta en juego de nuestras capacidades y habilidades, cuando asumamos la responsabilidad individual de nuestras conductas y seamos limpios de intención en cada una de las interrelaciones personales que tenemos, cuando nos mostremos ante los demás sin dobleces ni manipulaciones o agendas ocultas, será cuando estaremos “arreglando” de verdad el destrozo existente.

Es habitual que, ante la elección de hacer el bien dentro del equipo contribuyendo a su fortalecimiento y fomentando un espacio de desarrollo desde la individual ejemplaridad con nuestro amor por los demás -en el que buscamos el bienestar emocional del otro-  o exponernos a ser arrollados por frías ambiciones y, por ello, entrar en defensa con ataques antes de que nada suceda o de que cualquier amenaza llegue a ser real, tendemos a escoger la segunda opción, logrando ambientes de trabajo tóxicos, bloqueantes y generadores de un terrible desgaste emocional.
Abundando en esto, traigo a colación un adagio que reza así, «El bien no hace ruido; el ruido no hace bien», y es que esto que defiendo pasa por iniciar ya la mejora individual y nuestra aportación de esa mejora al equipo. Lo que acaba sucediendo es que nos decidimos por dejarla para más adelante porque ahora no encaja con los propios planes personales, ya que es más “importante” alimentar el ego, la ambición, el “sálvese quien pueda” o el “yo primero” por encima del “nosotros importamos”, “nos necesitamos unos a otros”, “contribuyo a que mi equipo y todos en él estemos mejor” o “entre todos lo estamos consiguiendo”. La falta de amor en este sentido genera “ruido”, mucho, y esto nunca podrá generar bien, ni en la persona, ni en el equipo, ni en el departamento y, por supuesto, ni que decir, en ninguna organización que se precie.

Lo grave, a mi juicio, es que esta actitud y forma de desenvolvernos que desplegamos dentro de nuestros ámbitos de trabajo, nos ha llevado al caos. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que todos y cada uno de nosotros somos responsables de “lo mal que está la cosa”. La siguiente idea lo explica con claridad cristalina: Las personas fueron creadas para ser amadas y las cosas fueron creadas para ser utilizadas, y sin embargo, estamos amando las cosas (despacho, coche, bonus, beneficios sociales, promociones, etc) y estamos utilizando a las personas (compañeros, jefes, subordinados, colaboradores) para alcanzar nuestros “egoístas” objetivos. Lo vergonzoso es que todos nos quejamos y muy pocos hacemos algo por modificarlo. ¡Menudo coste humano de no calidad humana!
Todos y cada uno de nosotros, nos pasamos la vida racaneando nuestra capacidad de amar, y lo que hacemos es contribuir a que “la cosa” empeore. Asume que cada uno de nosotros somos “cosa” y juntos damos sentido de existencia a “la cosa” de la que tanto nos quejamos. ¡Tengámoslo presente, somos responsables de este caos!

El amor en el trabajo, se den las circunstancias empresariales que se den y estemos en el contexto económico en el que estemos, da igual, nos permite traer a la superficie y mostrar aspectos de nosotros mismos que seguro sorprenden para bien a nuestros compañeros, además de que genera en nosotros mismos un espacio individual desde el que podemos responder a los acontecimientos de una forma más útil y valiosa para todos, abriendo un nuevo camino hacia la mejora de “la cosa” –de la cual somos miembros titulares-. La “cosa” va a mejorar cuando cada uno de nosotros mejore en amor y actitud hacia los demás dentro del ámbito profesional. Desde ahí, podremos exportarlo con satisfacción a nuestras casas, transportándolo debajo de nuestra propia piel y desde ahí vertiéndola en nuestras familias y luego desbordándolo a la sociedad de la que formamos parte y de la que tanto nos quejamos. Ya basta de “dobles personalidades”, la del trabajo y la del ámbito particular. Seamos honestos y coherentes con nosotros mismos y amémonos con todo lo que traemos, lo bello y lo oscuro, y desde ahí, comencemos ya con nuestros compañeros y equipos, los de la empresa, donde nos pasamos dos tercios de nuestra vida.
Que yo sepa, las empresas que tienen mejor clima laboral o tienen la vitola de “Best Place to Work” están formadas por personas que aman y cuidan a sus compañeros desde la madurez de desempeñar con amor las responsabilidades de su puesto de trabajo; están orgullosos de “ser” de esa empresa, en vez de “tener” un trabajo en esa empresa.

El amor del que hablo, va a entrar en las empresas cuando personas como tú y como yo nos decidamos a fomentarlo sin pausa y con cierta premura. Nadie lo va a hacer por ti y si esperas que otros comiencen primero para luego comenzar tú, confío en que esos otros no esperen lo mismo de ti, porque si no, apañados vamos.

Un abrazo.

P.S: Te recomiendo leer también: www.borjacoach.blogspot.com.es/2012/08/si-la-virtuosa-actitud-del-amor-cabe-en.html