martes, 15 de septiembre de 2009

Tantas comunicaciones y tan poca comunicación.

Una de las permanentes crisis que tenemos, independientemente de la situación económica por la que atravesamos, es la crisis de la comunicación. Sí, sí, …tenemos serios problemas para entendernos y eso que contamos con todos los medios técnicos y tecnológicos para favorecerla: e-mails, móviles, 3G, internet, webcams, Wi-Fi, etc… y sin embargo, vivimos en un “mal entendido” permanente. ¿Qué es lo que nos está pasando?

Debemos reconocerlo, nos cuesta mantener un nivel de comunicación de calidad que favorezca el diálogo. Hablamos desde nuestro punto de vista sin casi tener en cuenta el punto de vista del otro. Exponemos nuestras ideas y nuestro interlocutor las suyas. Interrumpimos, acabamos la frase del otro anticipándonos a su idea, sacamos conclusiones precipitadas, damos por obvias connotaciones y contextos, y lo cierto es que “oímos” lo que nos dicen pero ni prestamos atención a las emociones, ni a la corporalidad del otro, dos elementos claves en la “escucha” de calidad. Además, generalmente tenemos un estruendoso ruido interior o un exceso de información contextual que nos hace imposible digerir lo recibido. Y con todo esto, las cosas van funcionando, que no es poco.

Para empezar el nuevo curso con buena nota en comunicación, es necesario desplegar una la actitud de verdadera apertura al entendimiento, fomentar los silencios para generar el espacio en el que el otro se exprese con legitimidad y libertad, y que lo dicho, nos sirva para aprender a entender su modo de ver las cosas. Escuchar no significa estar de acuerdo con el otro, significa tomar lo que dice el otro (desde una actitud de apertura) y cotejarlo con nuestras ideas, siempre con el ánimo de aprender, dejando de lado orgullos y fachadas actitudinales. Si lo que escuchamos nos hace sentido y nos enriquece, lo tomaremos, y nos mejorará como personas; si lo que escuchamos no nos enriquece, lo desecharemos, sin más, …quitando toda carga o connotación despectiva.

Una buena comunicación se construye desde los silencios, generando el espacio para que el otro se exprese, preguntando e indagando para aclarar dudas. Una actitud de serenidad y estar 100% presentes hacia nuestro interlocutor favorece la comunicación de calidad. Parafrasear y chequear que lo dicho coincide con lo entendido nos aproximará a nuestro interlocutor. Tengamos en cuenta que como dice Humberto Maturana “Yo soy responsable de lo que digo e irresponsable de lo que entiendes, pero es mi responsabilidad cotejar que lo que digo es entendido por mi interlocutor”; es importante recordar que lo que decimos está dicho desde nuestros marcos de referencia individuales, cultura familiar, social, escolar, universitaria, profesional y personal, …y el otro lo entiende desde su marco de referencia. La única forma de tener una buena comunicación es empatizar con nuestro interlocutor poniéndonos en sus zapatos y escuchando desde sus oídos.

Ahora que tenemos en cuenta esto, apoyémonos en las facilidades que nos brinda la tecnología para mejorar nuestra capacidad de comunicación.